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Móviles y adolescencias sin cobertura.

Las pantallas nos complican la vida. Puede ser que nos hagan el día a día más cómodo y que podamos acceder con rapidez a potentes herramientas que antes no estaban y que ahora tenemos normalizadas en nuestra existencia, pero si las pensamos en clave pedagógica, vemos que aún queda mucho que perfilar. El debate educativo se hace complejo, difícil de transitar. Tenemos ganas de encontrar formas de salir de la maraña, de huir a espacios más sosegados fuera del ritmo que nos marca la propaganda de aplicaciones y redes sociales, ganas de ir a lugares habitables donde conectar con lo humano en una forma tradicional en la que nos reconocemos desde una legítima nostalgia. Pero pronto vemos que no hay huida posible. No queda más remedio que gestionar la dificultad. Y desde la honestidad las dificultades siempre se gestionan con más dudas que certezas. Ni idea de cómo desenredar el lío, ni idea de cómo escapar del secuestro, pero sí que tengo claro que, en términos de infancias y adolescenci

Ni filias ni fobias, es adultocracia en la desescalada de la alarma.

Lo bélico y lo colateral. Victimización y resiliencia en la crisis COVID-19.